• Apr 4, 2025

La Vida de Fe y Milagros de Melchorita Saravia: La Sierva de Dios que Inspira a Generaciones


Casa de Melchorita Grocio Prado Chincha
Casa de Melchorita Saravia Tasayco




La historia de Melchorita Saravia Tasayco, también conocida como la Sierva de Dios de Chincha, es un testimonio de fe, amor y sacrificio. Nacida en el humilde pueblo de San Pedro Ñoco Bajo, actualmente distrito de Grocio Prado, el 6 de enero de 1895, Melchorita desde su infancia mostró una profunda devoción por la religión y un gran deseo de aprender. Su vida, marcada por la piedad y el servicio al prójimo, la ha convertido en una figura de veneración popular, con fieles que cada año acuden a su lugar de descanso.





Una Infancia de Devoción y Sacrificio




Melchorita creció en un hogar pobre y católico, donde la educación formal no estaba a su alcance. Desde los cuatro o cinco años mostró una fuerte inclinación por aprender, aunque sus padres, Francisco Saravia y María Agripina Tasayco, no pudieron enviarle a la escuela. Sin embargo, sus padres le enseñaron oraciones y el catecismo, los cuales memorizó rápidamente y compartía con otros niños y jóvenes de su comunidad. La falta de educación formal no fue un obstáculo para que Melchorita cultivara una vida de oración y devoción desde temprana edad.





Compromiso con la Religión y su Comunidad





La falta de un templo en su pueblo natal no impidió que Melchorita se dedicara a su fe. A sus escasos años, caminaba cinco kilómetros hasta Chincha Alta para asistir a misa a las cuatro de la mañana, mostrando su entrega a la Sagrada Comunión y al ritual de la misa. Sus vecinos la recuerdan como una mujer piadosa que predicaba con el ejemplo, exhortando a otros a confesar y comulgar.





Su fe fue formalmente reconocida en 1924, cuando el presbítero Miguel Gamarra la admitió en el noviciado de la Tercera Orden Franciscana en Grocio Prado, lo que reforzó su compromiso con la Iglesia y con el servicio a su comunidad. En 1946, fue designada consejera de su congregación, un cargo que reflejaba su respeto y dedicación en la vida religiosa.





Milagros y Devociones de la Sierva de Dios





Los devotos de Melchorita creen que su vida estuvo marcada por milagros, entre los cuales destaca la historia de la "olla sin fondo". Durante sus años de vida, se cuenta que alimentaba a los pobres con una olla de la cual jamás se agotaba la comida. Esta anécdota ha pasado de generación en generación en su comunidad, y para sus seguidores, es una muestra de su amor y compasión.





Además, Melchorita tenía una especial devoción al Niño Jesús y a la Virgen María. Cada Navidad armaba el nacimiento en su casa y en la parroquia, y rezaba el Santo Rosario todos los días. Dedicaba también el mes de mayo a la Virgen, y desde su ingreso a la Tercera Orden Franciscana, siguió los principios de San Francisco de Asís, tratando de emular sus virtudes y dedicación.





Su Última Prueba: La Enfermedad y Su Legado





A lo largo de su vida, Melchorita sufrió diversas pruebas, pero la más difícil fue el cáncer de seno que le fue diagnosticado en sus últimos años. A pesar de los dolores intensos, se mantuvo serena y firme en su fe, aceptando el sufrimiento como una prueba de su devoción. Fue hospitalizada en el Hospital San José de Chincha, donde su humildad conmovió a todos. Rechazó ser trasladada a una sala de pagantes, prefiriendo permanecer en un cuarto simple hasta el momento de su muerte, el 4 de diciembre de 1951.





Desde su fallecimiento, la figura de Melchorita ha crecido en popularidad. Su tumba, inicialmente ubicada en el Cementerio General de Chincha, fue trasladada a su natal Grocio Prado en 2007, en una procesión acompañada por cientos de personas que deseaban rendirle homenaje. Cada 6 de enero, su pueblo recibe a devotos de todo el Perú, quienes vienen a rendirle tributo y agradecer por los milagros que le atribuyen.





Un Ejemplo de Fe y Humildad





Melchorita Saravia Tasayco, la Sierva de Dios, continúa siendo un ejemplo de humildad y fe para su comunidad y para todo el Perú. Su vida dedicada a Dios y a su prójimo, resuena en las generaciones actuales, recordándonos la importancia de la virtud, el sacrificio y la devoción. Su historia demuestra que la santidad no depende de la riqueza o la educación, sino del corazón y la fe con la que cada persona enfrenta los desafíos de la vida.

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