San Benito, un pequeño y tranquilo sector del distrito de Grocio Prado en Chincha, alberga una de las leyendas más aterradoras de la región: la historia de La Cueca. Este fantasma, descrito como una mujer vestida de blanco que aparece en las noches oscuras, ha sido testigo de encuentros escalofriantes según los relatos de sus habitantes.
La Dama Vestida de Blanco
En el distrito de Grocio Prado, Chincha, se cuenta la aterradora historia de La Cueca, un espectro que aparece en las noches oscuras. Una mujer relata su encuentro con esta figura:
"Los viejitos cuentan que por acá existe un fantasma llamado la ‘cueca’ que se aparece en forma de una mujer vestida de blanco y que anda caminando solita por los caminos oscuros de San Benito. Antes del terremoto, una noche se me dio por quedarme sentada en la puerta de mi casa y cuando ya eran como las diez y media de la noche, vi por la calle oscura, por la avenida principal, a lo lejos, que venía una mujer vestida de blanquito, como una novia. Venía caminando despacio, despacio, y sentía como que tenía zapatos de madera porque cuando caminaba sonaba así: tac, tac, tac, tac.
Entonces yo me dije: ‘¿Una mujer caminando a estas horas?’. Me quedé tiesa, mirándola cuando pasó frente a mí. Solamente sonaba tac, tac, tac, tac, tac. Era como el sonido de un caballo. Iba caminando, caminando, y haciendo sonar sus pisadas. La mujer de blanco pasó por delante de mi casa, donde yo estaba sentada tranquilita, tiesa y llena de espanto. El espectro pasó de frente y, felizmente, ni me miró hasta que la perdí allá por la esquina. Yo estaba que temblaba de miedo y casi sin poder hablar.
Después yo le conté a mi mamá y ella me dice: ‘Ahhhh, hija, esa mujer ha sido la cueca’. No lo pude creer".
El Encuentro de Manuel
Otro relato, narrado por un joven llamado Manuel, describe su experiencia con La Cueca en el mismo distrito:
"En esos tiempos yo tenía 19 años y estaba soltero. Un día, ya entrada la noche, yo iba por el camino que hoy es la calle principal de San Benito. Pasaba rumbo a donde vivía mi abuela Fermina para traer una banca que mi padre me había encargado, porque se acercaba la fiesta de La Melchorita y mi papá quería hacer su negocio de raspadilla y necesitaba una banca.
Cuando me acercaba a la casa de mi abuela vi a una mujer de blanco sentada en un murito allá en esa entrada. Yo presentí algo malo y me acerqué con mucho miedo y temblando, pero al verla me salieron fuerzas para decirle: ‘¡Qué pasa acá!’. Pero la mujer vestida de blanquito seguía sentada muda, en silencio, y no me dijo nada.
Yo, casi al borde del terror, sabía que estaba frente a un espectro y, nuevamente dándome valor, le dije: ‘¡Qué pasa acá!’. Entonces, opté por salir corriendo de allí, pero las piernas no me respondían y pasé delante de ella casi tropezando. Avancé adelante todo tembloroso a traer la banca.
Después regresé la mirada hacia atrás y ¡ayyyy de mí! La mujer iba siguiéndome, caminando casi en el aire, porque no sentí nada de pisadas. Entonces, a pesar del miedo, me di fuerzas y valor para gritar: ‘¡Ven nomás, que acá te espero!’. Eso le decía dándome mucho valor. Así seguí y seguí con esa mujer persiguiéndome hasta que llegué a la casa de mi abuela casi muerto de miedo.
Le comienzo a contar a mi abuela y ella me dice: ‘Manuel, ¿tú has venido por el camino pensando en una chica?’. Yo le respondí que sí, justamente porque era la hora que yo tenía que conversar con una chica, pero mi papá me mandó a traer la banca. Por eso yo venía rápido a traer la banca para poder encontrarme luego con la chica.
Y mi abuela me dice: ‘¡Aaaahhh, muchacho! Se te presentó La Cueca y si tú te parabas y la agarrabas se volvía un costal de huesos, porque así es La Cueca, es una muerta’. Así me dijo la abuela".
La leyenda de La Cueca sigue viva en Grocio Prado, contada por quienes han tenido encuentros cercanos con este espectro o escuchado las historias de sus mayores. Más allá del miedo, estas narraciones fortalecen la identidad cultural de la comunidad y mantienen vivo el folclore local. Si alguna vez visitas este pintoresco pueblo, no olvides mirar por encima del hombro al caminar por sus calles oscuras. ¿Quién sabe? Quizá te encuentres con La Cueca.
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